martes, 22 de abril de 2014

La moda de la monarquía hispánica en los siglos XVI y XVII


Siglo XVI. 

El siglo XVI en la corte española se dan dos estilos que se corresponden con los reinados en primer lugar de Carlos V, y en segundo lugar con el de Felipe II. A partir de la apertura de España hacia Europa durante el reinado de Carlos V, se recibe una influencia de la moda de otros países. 

A comienzos de siglo, destaca el colorido y la libertad, acordes a los principios individuales de la moda renacentista derivado de un pensamiento humanista. En la vestimenta masculina abundan las cuchilladas y las braguetas prominentes, y en la femenina las llamativas mangas bordadas y vestidos ceñidos que respetan la fisonomía.


A partir de 1530 se crea un estilo propiamente español que se imitará en el resto de Europa hasta el siglo XVII, donde el vestido se convierte en un aliado de la monarquía dominante en este momento, con indumentarias rígidas e inmóviles para transmitir ese ideal de superioridad.

Alonso Sánchez Coello (ca. 1531-1588): Autorretrato 

Para el hombre las prendas que destacan son el jubón vestido sobre la camisa, calzas y medias, con un predominio del cuello de lechuguilla que va aumentando su diámetro hasta alcanzar la exageración con el reinado de Felipe II.



Los vestidos de la mujer estrechan la cintura y borran las formas naturales del cuerpo mediante el uso del "cartón de pecho", lo que será la base del corsé. Lo más notable es el cuello de lechuguilla en las prendas, así como tocados y peinados cada vez más altos.  

 


Siglo XVII

Debido a la pérdida de protagonismo de la monarquía hispánica, la influencia de la moda española en el ámbito europeo desciende, testigo que recoge la moda francesa que va a ir extendiéndose.

A pesar de esto, nuestra monarquía acoge las influencias francesas, pero sigue conservando su propio estilo incluso cuando se introduce la moda francesa durante el reinado de Carlos II.

Durante los primeros años de siglo, no se aprecian modificaciones significativas en el vestuario, salvo la enorme longitud de los cuellos de lechuguilla. A la llegada de Felipe IV es cuando se producen los cambios más pronunciados:

1621-32 Velázquez. Don Pedro de Berberana y Aparregui
-En los hombres, las calzas se sustituyen por calzones, y el cuello de lechuguilla por el de golilla. La golilla (pieza rígida de cartón forrada de seda negra sobre el que se coloca un cuello blanco denominado valona) pasa a ser un símbolo de la altivez, debido a que obliga a mantener la cabeza erguida. Este elemento se mantiene hasta parte del siglo XVIII, con variaciones en sus dimensiones que se adaptan a unas melenas cada vez más largas.   

El vestuario masculino lo componen el jubón sobre una camisa, una ropilla sobre el jubón,  los calzones, unas medias de punto, los zapatos y una capa característica denominada ferreruelo, acompañados por el color negro como simbolismo de la austeridad.  



-El vestuario femenino se distancia de las corrientes europeas, ya que no se renuncia al verdugado, lo que será más tarde el "guardainfante", un armazón con aros unidos con cintas cuyo propósito es marcar las caderas que se viste sobre varias enaguas. Sobre él, se coloca la pollera (falda interior de vistosos colores) y sobre ésta, la basquiña o falda exterior. Más tarde, el guardainfante será relegado a ceremonias especiales.




Las meninas o La familia de Felipe IV, Diego Velázquez (1656)


Otro elemento destacable es la cotilla que determina una rigidez del cuerpo al componerse de un armazón con ballenas, el cual se mantiene durante todo el siglo. 











Por todo esto, la moda ha reflejado en su estilo el momento económico y político de dominio, e incluso de pérdida del mismo, en sus prendas. Hubo un momento de esplendor en nuestra monarquía, y eso se trasladó a las modas del resto de Europa, siendo un modelo a imitar, tendencia que se irá diluyendo con la pérdida de poder. 


Estefanía Velasco
Grupo 13


2 comentarios:

  1. Es bastante discutible que España perdiese influencia cultural en el siglo XVII e incluso, a decir de algunos historiadores, influencia política.

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